viernes, 27 de abril de 2007

La impotencia

Dice el diccionario de la RAE que impotencia es falta de poder para hacer una cosa. Incapacidad de engendrar y concebir. Imposibilidad en el varón para realizar el acto sexual completo.

Como veréis, conceptos diferentes que no tienen nada en común, o sí. No lo tengo claro.

Tengo varias circunstacias en mi vida con las que me siento impotente. Relato una.

Hace más de un año, puse a la venta un vehículo de mi propiedad que estaba puesto a nombre de mi mujer. Resumo. Yo lo pagué y le puse a nombre de mi mujer para obtener el Certificado de Aparcamiento Regulado. La famosa ORA. Yo ya tenía otro vehículo y no facilitan ese documento a dos coches de la misma persona.

Le comenté a Remigio, dueño de un taller cercano que lo ponía a la venta y al cabo de dos días me llamó y me dijo: Pásate por aquí mañana a las doce que tengo un chaval de toda confianza que lo quiere. Dicho y hecho. Al día siguiente acudí con el contrato de compraventa y todo dispuesto para realizar la transferencia en una gestoría cercana. El chaval llegó tarde, como hora y media. Mientras tanto Remigio, en las ansias de la espera, digo yo que sería por eso, ya que iba a cobrar una comisión, se engatilló 7 botellines de Mahou. ¡Como entra la cerveza con el calor, chico! Con el calor y con el frio, dije yo, que era Febrero cuando nos vimos la última vez y te tomaste 4 en cuarto de hora. El caso es que los bebe más lentamente cuando paga él. Bien pudiera ser que el acto de pagar le oprima el gaznate, o no. No lo sé. Estaba pidiendo el número 8 cuando llegó el comprador. Malas pintas no tenía, ni buenas. Me extrañó que el muchacho de toda confianza era alguien a quién Remigio no conocía ni de vista.

- ¿Quién es Remigio?
- Yo. Tu eres el sobrino de Lorenzo, no coño, de Leandro.
- El mismo. Venga que traigo las pelas que me piro a la playa el fin de semana.
- Espera que hay que firmar el contrato primero y luego pasar por la gestoría a realizar la transferencia, dije yo.
- Espabilando que me piro.

Firmamos el contrato, me dio el dinero en metálico en billetes nuevos de quinientos Euros. Eran tan nuevos y tan desconocidos para mi, que me parecieros falsos. Llegamos a la gestoría y acababan de cerrar.

No te preocupes que el Lunes nos acercamos en un momento y lo hacemos. Protesté y le dije que no se hacían así las cosas, pero me apartó Remigio y me soltó. Te juro por lo más sagrado que es de toda confianza, que Leandro es un tio de ley y a mi no me la juega.

Accedí, le di las llaves, montó en el coche y me dijo: El Lunes sin falta estoy aquí, me voy a la playita pitando.

De esto hace 19 meses. Claro que nunca se hizo la transferencia. Ni el Tio Leandro ni Remigio tenían idea de donde estaba el sobrino playero. Después de mucho indagar sobre su paradero le localizé en un móvil y le amenacé con denunciarle. Me respondió sollozando, el muy cabrón, que lo arreglaría en ese momento.

Ya me ha llegado la cuarta relación de multas. Llegan por correo certificado con una media de quince sanciones cada una e importes que rondan los quinientos euros o más. Y lo peor es que vienen a nombre de mi mujer. Dios mio si se entera.

Solo me queda recurrir, pero para eso hay que pagar primero ya que si no lo haces embargan al propietario, que es mi esposa. San Antonio Bendito, que siga en la ignorancia porque si llega a su conocimiento el hecho, me hace Avecrem, caldo de pardillo.

Y aquí me tienes, impotente frente a la injusticia, todo el día nervioso esperando a recoger el correo antes que ella, con la cartera devaluada y el ánimo descompuesto.

Es posible que si me hicieran un seminograma hubiera perdido al menos la mitad de los espermatozoides debido al stress. Y de la tercera acepción no comento, que como dice en la radio el Ilustre Josemi Rodríguez Sieiro no hablo nunca de temas de cintura para abajo.

El caso está denunciado, querellado y a la espera de noticias. Mientras, me encuentro fané y descangallado y solo me alegro cuando pienso que el infractor tenga que pagar de golpe las más de 60 multas que previamente he abonado yo. Eso si, en billetes de 20 y 50, que los de 500 no los he vuelto a ver.

Y digo yo. Si tengo un contrato de compraventa, no es suficificiente para demostrar que el vehículo ha sido vendido? Insto a la DGT y al Ministerio de Economía y Hacienda que solucione esto de una vez para que vuelva a sonreir como antes, que pueda mirar a mi mujer sin ruborizarme y que mis espermatozoides corran veloces de cojón a cojón a la espera de una salida gloriosa, siempre que el tercer concepto no se cumpla. Amén.

El Instigador

2 comentarios:

el instigador dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
maría mariuki dijo...

La situación que describes en tu historia es terrible. Menos mal que dejas abierta la puerta de la solución con lo de la querella pendiente. ¡¡Uffff!! no me gustaría estar en ese trance, aunque la impotencia es una sensación de la que se libran muy poquitos en esta vida, si no es por unas cosas es por otras, creo poder afirmar sin temor a equivocarme que todo el mundo en algún momento de su vida se ha sentido impotente como víctima de alguna injusticia. Durante más o menos tiempo pero creo que todo el mundo ha pasado por eso alguna vez.