viernes, 4 de abril de 2008

LA PECULIAR VIDA DE UN PAÑUELO DE PAPEL

La gente cree que los pañuelos de papel no pensamos. ¡Qué tontería!. Formaba parte de un árbol magnífico, un abedul enorme plantado sobre las cenizas de un robledal centenario que un día ardió. Me contaron los búhos que aquella noche de Agosto, antes de que los animales se llamaran a arrebato, corría por el bosque un extraño olor ocre y azufrado, como de aviso de muerte. Tras la quema plantaron eucaliptos y abedules, abetos y alerces destinados a la corta temprana, cuando acaba el destete de la savia adolescente , el crecimiento se ralentiza y las raíces ahondan buscando más agua que carbono para que las hojas y los frutos farden de frescura y verdor mientras cobijan un nido de petirrojos.

Un día apareció un hombre por entero de azul con un casco amarillo y una cosa en la mano que tronaba a derrota. Miré alrededor y lo que antes era floresta se había convertido en una necrópolis de leña. Todo aquello duró menos que el trino de un jilguero . Desgajaron las ramas y subieron el resto a un camión con ayuda de una jirafa de hierro que en vez de engullir hojas de acacia, clavaba sus espinas en la corteza con la fuerza de un titán malhumorado.

En una fábrica me arrancaron el pellejo, me hicieron astillas, me trituraron y cocieron, me blanquearon con cloro, ¡qué asco! y pasé a una gran bobina blanca. Unas cuchillas me sajaron y quedé convertido en un cuadrado de veinte centímetros de lado. Algo me absorbió y dobló el espinazo seis veces en un baile que me dejó mareado como si me hubiera estado picando un día entero un pájaro carpintero. Así, en la famosa postura fané del maestro yogui Mamarash me junté con nueve gemelos y nos envolvieron en plástico, tan juntitos que no había manera de rascarse los picores de la esquinas, lisas y albares como un huevo de milano bajo las ramas del nido.

Empaquetado y comprimido afrontaba mi futuro con la ansiedad de no saber mi destino. Aunque se comentaba que lo más honorable que me podría pasar es servir como torunda para una hemorragia nasal, creía merecer un destino más honorable, quizás de pañuelo de bolsillo en un traje elegante o como abrigo de unas joyas en el cajón de una gran dama.

Anduve adormilado hasta que un movimiento brusco me despabiló. La privilegiada posición de estar el primero del paquete me permitía ver algo del exterior, tan distinto a mi bosque verde. Estaba en la calle, cerca de un semáforo y un hombre moreno agitaba su mano conmigo dentro. ¡Qué uñas tan sucias! Sólo pensar que podría servir para limpiar tanta roña me produjo un revoltijo en los polisacáridos que estuvo a punto de provocarme una combustión espontánea que abrasaría la mano del reventa , ese tipo incapaz de darme salida ni aunque rebajara el precio a la miserable cantidad de una moneda de cobre.

Una tarde se acercó a la ventanilla de un coche. Le oí hablando en voz alta y autoritaria a una bella señorita que al final pagó en papel, seguramente por salir del trance y me introdujo en un bolso perfumado de jazmín al lado de un teléfono que sonaba insistentemente con una melodía atronadora que me recordó el graznido de un cuervo. Permanecí allí varios días hasta que una mañana de verano, la portezuela se abrió y unos dedos delicados y suaves hurgaron entre nosotros y noté como el escaso espacio se ampliaba al punto de tener sitio para estirarme un poco y de paso colocar una arista que me pinchaba en el escaque del caballo. Mis vecinos fueron desapareciendo poco a poco y mi prestancia inicial iba perdiendo tersura. Lo que antes era semirrígido estaba fofo y bailaba en el envoltorio al ritmo de su hombro, chocando con las llaves y maldiciendo al tubo de rimmel que estuvo a punto de tiznar mi impecable sudario con su tinte negro. Ya sólo quedo yo. Del resto poco sé, salvo de “cinco” al que vi maltrecho, casi partido por la mitad con unos números escritos al lado de un nombre de varón.

Por fin ha llegado mi hora. Me saca del rebujo y me deja en la mesilla cerca de un aparato charlatán que habla como una cotorra, canta como un grillo y tiene los ojos tan extraños que le cambian cada poco en formas que se parecen al tallo de una espiga, una pera recién caída o la silueta de un pato nadando en la laguna. Ella está encima de la cama leyendo un libro de pastas color azul. Puedo oler su esencia de primo lejano pero no identifico su especie. Se títula “Cuerpos entretejidos” . Al cabo de un rato, noto que su respiración se acelera y pasa las páginas más deprisa. Deja caer el brazo derecho a lo largo del cuerpo y poco a poco, el libro se acerca a la almohada mientras la mujer entrecierra los ojos. La mano sedente se alza hacia el pecho y se posa traviesamente y lo abarca en una caricia larga que acaba en su cima con un delicado pellizco que le arranca un leve gemido. Se entretiene en este juego mientras la otra mano de finos dedos se refugia debajo del triángulo de tela, allá donde crece el musgo negro en la entrada de la gruta y lo palpa hasta que del manantial de su esencia empieza a brotar almíbar. Uno de sus dedos, el que adorna con un anillo de oro y jade no encuentra traba y se cuela dentro mientras la otra mano, abandonado el pecho erguido, roza la carne del deleite. La cama se mueve y la mujer canta de gozo hasta que un temblor sacude la habitación y después, la calma.

Cuando la máquina de los ojos tristes ha cambiado tres veces de cara, ella me coge y en un delicado movimiento me acerca a su sexo y me permite absorber su miel que huele a salitre y a lujuria, un perfume que me deleita y me hace sentir en paz.

Allí, feliz, refugiado entre sus muslos, sé que me espera la fontana blanca y el torbellino de agua que me llevará lejos, donde me degradaré lentamente hasta que mis moléculas se disuelvan y todo sea nada.
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Gracias a raindrop por su inemerecido premio a la creatividad y el diseño. Le debo un meme casi imposible, pero prometo cumplir.

Cuerpos entretejidos es una novela de Antonio Altarriba, finalista del premio La sonrisa vertical en 1996.

37 comentarios:

luciérnaga dijo...

Me conmovió la historia del pañuelo
¡Cuantas otras cosas tienen historias parecidas!
Un saludo grande.

L.

El Instigador dijo...

Luciérnaga: Gracias por la visita y el comentario. Pasaré por tu blog a ver que te cuentas.

Saludos.

Carmen dijo...

Se acerca el tiempo de las alergias. Desde hace años me volví adicta a unos pañuelitos muy suaves, perfumados con miel, que minimizan los escozores propios de quienes nos abandonamos, en narices y ojos, a los pólenes de distintas especies. Después de este relato tendré en cuenta los sentimientos de celulosa y los trataré con el mismo cariño con el que ellos tratan mi rinitis.

Me ha encantado el final erótico festivo del cachito de abedul.

Avellaneda dijo...

Que quito el sombrero ante ti Instigador, me ha encantado la historia y has conseguido que un pañuelo sea el máximo protagonista. Las descripciones qeu haces desde la prespectiva del pañuelo son geniales. Ah y este pañuelito tan sensible no podía tener un final mejor :D
Pues eso, que te ha quedado soberbia la historia chico! Bss

Andrés dijo...

A veces los elementos que entendemos como más nimios son los únicos pueden estar muy cerca de algunos lugares: como el juguete buceador de aquélla película de Almodóvar en la bañera. Enhorabuena (y esta vez enhorabuena también por tu vocabulario: ¡qué riqueza!) Un abrazo, Am

El Instigador dijo...

Carmen: también soy rinítico, no de alergia pero gasto pañuelos a kilos. Cuando me preguntó el otorrino qué me pasaba le contesté que quería dejar de ser el tipo que más negocio le hace al de Scottex. Lo del festival erótico es por darle un final digno al pobre. Estaba jibado con la historieta y en una comida consulté sobre tres posibles finales y todos contestaron: SEXO, SEXO, SEXO. Vale, pero intentaré que quede fino; y así me salió.

Tenía pendiente escribir esto que pensé para el concurso fallido de relatos.

Besos, guapa

El Instigador dijo...

Avellaneda: Gracias por los elogios. Después de bastantes días en dique seco, me trabajé esta historieta realmente cabreado. No avanzaba, borraba y me costó porque no estaba inspirado. Al final lo publiqué dudando porque no sabía si gustaría.

Un buen final. Qué menos.

Besos.

Andrés: es difícil encontrar algo medianamente original que no huela a ya sabido. Admiro mucho a los grandes constructores de novelas bien documentadas sobre acontecimientos históricos y a aquellos que en su sabiduría, citan a los grandes como muestra de su preparación. Pero no es el caso, por lo tanto echo mano de cosas de andar por casa.

Gracias por tus halagos. Lo del vocabulario viene un poco de leer a Azorín, jaja, de hablar con la gente en los pueblos y del bendito diccionario.

Un fuerte abrazo, amigo.

cruzcampo dijo...

Cuando yo era pequeno el rey era el panuelo de tela. Los habia de todos los disenos, colores, tenian todos los dibujos, hasta escenas de la vida cotidiana, algunos eran tan asperos y rigidos que se te quedaban parados o de pie, por asi decirlo, en la mesa, ni te enjugaban las lagrimas, ni te servian para nada. Pero llevarlos era como estar a salvo o algo asi. Tener panuelo era como tener celular hoy dia.

Luego llegaron esos panuelos de papel, y los de tela se retiraron discretamente, sin una sola protesta, lo entendieron perfectamente. Como unos senores.

raindrop dijo...

Le dices a avellaneda que publicaste este relato dudando porque no sabes si gustaría... Por mi parte, a mí me ha encantado. Tu léxico tan sugerente me transporta de continuo a lugares y sensaciones trazados con maestría. Ya puedes sentirse satisfecho, ya ;)
El último párrafo del relato me ha parecido simplemente extraordinario... contar mejor un final me parece imposible.
Y sobre la coletilla del final del todo, te digo que no hay por qué darlas, yo creo que sí es merecido y, como mínimo, un reconocimiento por tantas horas de disfrute que me has dado, amigo.

un fuerte abrazo

El Instigador dijo...

Cruzcampo: Sigo usando pañuelo de tela en algunas ocasiones, cuando la irritación me impide usar los de papel. Nada mejor que un moquero suavecito para aliviar goteos leves, pero los míos son blancos y de tacto mimosín.

Saludos.

Raindrop: Tenía dudas porque era la primera vez que realmente trabajé un relato como si fuera un parto. Lo había modificado tanto que al final no sabía si sería demasiado forzado, si habría perdido frescura o quedaría medianamente bien. Me alegro que te haya gustado. En cuanto al final, el erotismo soft era para ver si también puedo escribir de ello sin caer en la vulgaridad. De la experiencia he sacado la conclusión de que puedo escribir relatos eróticos usando un lenguaje más evidente con la gorra. Pero lo mío no va de eso.

Un abrazo, amigo.

Zafferano dijo...

Qué imaginación compañero! No sé si contar el cuento en clase para explicar el proceso entre materia prima y producto elaborado... Más bien no. Mejor dejarlo para la próxima reunión de padres! Seguro que les va a entretener y gustar tanto como a mí.

Me ha encantado, lindo.

Besotes

Xiketä dijo...

Si es que eres un artista!!!!
Este final inesperado para un pañuelo de papel es impresionante, gracias a tu manera de expresarlo, porque sabes utilizar las palabras adecuadas para darle la sensación apropiada a la historia.
Y lo que parecía ser un tierno final para una tierna historia de un abedul al que utilizan para hacer papel...se convierte: tatata chan!! en una sensual historia...
"Ámos" que "mancantao"!!!!!
Besos

El Instigador dijo...

Zafferano: creo que explicarles a los padres que sus hijos son materia prima y que salen de la escuela como producto elaborado es un símil que no sé si les va a gustar. Lo mismo salen encantados pero me temo que ahora, los padres creen que los profesores son unos primos con poca materia y sus niños un producto de alta calidad muy bien elaborado.

Allá tu. Que me encanta verte.

Xiketä: Me gusta que te guste. Lo hice lo mejor que supe. Gracias y besos.

Tamara dijo...

Hola Instigador,
Salté hace tiempo a tu blog desde el de Avellaneda, y hoy te dejo un comentario, porque tu relato es enteramente MAGNÍFICO. ¡¡Enhorabuena!! Es un gran homenaje al detalle de un amigo bloguero.
Además de mantener la atención del lector en todo momento, con una narración cargada de sensaciones, imágenes y descripciones sugerentes, rematas la historia con un final genial. Un destino genial para un pañuelo especial, ¿eh?
Me gusta mucho tu estilo, así que seguiré leyéndote con mucho gusto.
Un beso.

El Instigador dijo...

Tamara: Gracias por los halagos. Uno va cogiendo el tranquillo a medida que escribe, por lo tanto, si mejoro algo es que voy por buen camino. Aunque básicamente lo hago por mí, no voy a ser tan hipócrita de negar que me gusta que lo que escribo guste, por lo tanto, es un honor para mi que me leas.

Yo también paso por tu blog de vez en cuando y te aseguro que me gusta mucho, especialmente el último post que esta vez, con las presentaciones debidas, comentaré.

Besos

SIB dijo...

Y eras tú el que andaba "escasillo" de musas??...pero si están todas agarraditas a tu mano¡¡
Genial, sé que soy poco original pero es lo que saco en claro después de leerte varias veces...
Nos ofreces un relato claro de palabras pero muy elaborado, eres un artista y esto no va con la boca pequeña¡¡
Se nota tu afición y devoción a los "tissues", compañeros de tantos desvelos y catarros, y como no le has dado a ese tan especial el mejor de los finales... en el momento justo a la hora justa y sobre todo en la mejor compañia...
Leerte sigue siendo toda una fiesta para mi.
Besos

El Instigador dijo...

Sib: tanto parabién va a terminar ruborizándome. Hay que aliviar de vez en cuando la imagen canalla y probar otros temas para poder abordar, en un futuro, algo más largo. Las musas, si es que estuvieron, lo hicieron a regañadientes porque me costó un poco terminar el relato.

Parece que todo ha ido bien. Me alegro y con vuestro ánimos, continuaré escribiendo.

Besos

SIB dijo...

Te das cuenta?...te dije que el guiño de ojos infalible te sería favorable...
:)

celebrador dijo...

El abedul ha tenido una regresión histórica, abedules eran (al parecer) los que poblaban esas inmensas pederas de flores que hoy forman Babia, y en el Pirineo la paulatina disminución de la humedad está haciéndolos retroceder a ojos vistas

El Instigador dijo...

Sib: Estoy de acuerdo. Lo utilizaré más a menudo.

Bss

Celebrador: Gracias por la visita y la aclaración. Lo de abedul fue un recurso literario. De todos los árboles de madera blanda que se solían usar para celulosa fue el que mejor me sonó.

d2 dijo...

Fantástico relato, es una gozada leerte. Un fuerte abrazo.

El Instigador dijo...

d2: Soloyo me recomendó tu blog y te sigo hace tiempo pero un extraño pudor hacía que no te comentara. Gracias por la visita y las alabanzas. Te veré en lo tuyo.

Fuerte abrazo.

Pilar dijo...

He llegado a tu blog a través de Raindrop, y aunque no suelo dejar comentarios, más por pudor que por otra cosa, en este caso tengo que decirte que me ha encantado tu relato. Francamente, como lectora me ha fascinado desde el principio. Y desde ese comienzo traté de imaginarme en como le darías fin. Pero no fuí capaz de anticiparme a ese final, que por otro lado, has tratado estupendamente. Erotismo puro, pero que has tratado de una forma tal que a nadie puede "ofender".
No sé si será de tu interés, pero hace tiempo tenía la costumbre de escribir en los pañuelos de papel, pensamientos, dibujos, cosas que se me pasaban por la cabeza y que no quería olvidar.
Todavía hoy en día, abro algún libro, y entre sus páginas encuentro anotaciones que me llevan a muchos años atrás.

El Instigador dijo...

Pilar: Gracias por la visita y el comentario. Raindrop es una buena fuente de tráfico para los que estamos en su blogroll. Parece que, en general, el relato ha gustado. Aunque queda algo alejado de mi estilo que es quizas, más bronco, quería probar otros formatos donde pudiera escribir algo un tanto "poético". En cuanto a la parte erótica, fue sin duda la que más trabajo me costó. Decir sin molestar, relatar la escena para que la pueda leer cualquiera.

En fin, que te veré en tu sitio y no te preocupes por el pudor en comentar. Esto es un blog, no la sección de cartas al director de un periódico.

Bss

SOLOYO dijo...

Eres l polla! Así, en plata! ¿Cómo osas dudar de si gustará este relato? me parece fascinante tu capacidad de personalización, las descripciones... y ese final tan sorprendente!
Genial como siempre...

El Instigador dijo...

¿La polla de plata? buen título para un post. Es que tengo unos amigos que valen un potosí.

Besos

caramelo dijo...

La mirada, la forma de relacionarme con ellos, fieles compañeros de las alergias, va a ser tan distinta desde ahora...

Me encantó; que sutil manera de ponernos frente al espejo los humanos tan poderosos; tan devastadores, los destructores de la naturaleza.

Pondré un link a tu blog, me ha gustado mucho.

saludos,

El Instigador dijo...

Caramelo: Los que usamos pañuelos de papel solo nos damos cuenta de su valía cuando se nos acaban.

En cuanto al link, gracias, será correspondido.

Saludos

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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EL INSTIGADOR dijo...

Ya llegaron los necios a tocar los huevos.

Habrá que poner palabra clave.

Saludos

maría mariuki dijo...

Aportas tantos datos reales en tus post que a veces se hace difícil pensar que sólo son historias.